Desde hace ya varios meses, viene circulando en internet el video de Kenji Orito Díaz, un colombo-japonés exaltado por servicio humanitario y voluntario y que habla sobre las cosas buenas de Colombia y que ha causado sensación. La labor que desempeña Kenji, es traer al país a japoneses que están pensando en suicidarse, para que conozcan otra cultura y condiciones de vida que no se observan en Japón, para que valoren lo que tienen y recuperen las ganas de vivir. Por la experiencia que tuve de vivir en Japón, me identifico con los planteamientos de Kenji, principalmente cuando dice que Colombia es uno de los países más ricos del planeta y que su principal riqueza no son ni el oro, ni las esmeraldas ni el petróleo, es su gente. Es un video que hay que ver y estudiar, para entender como Japón, un país con muy pocos recursos naturales es la tercera economía del mundo y también para valorar un poco más lo que tenemos y hacer un análisis crítico del aporte que cada uno de nosotros debe dar para el mejoramiento del país.
Uno de los aspectos que se trabaja en la formación en Extensión Rural de los estudiantes de Ciencias Agrarias, es la comprensión de la producción agropecuaria como un sistema, que se debe planificar de manera integral teniendo en cuenta no solo los aspectos técnicos, sino también los sociales, ambientales y económicos. En una reciente visita al municipio de Urrao, en el suroeste antioqueño, encontré un sistema productivo planificado de manera integral, curiosamente no como resultado de un proceso de extensión rural bien ejecutado, sino por la iniciativa de un citadino, que quiso irse al campo y de manera empírica logró la implementación de un sistema de producción integral.